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«Cincuenta sombras de Grey» - E. L. James

 

VIDEO KILLED THE RADIO STAR... y el marketing mató a la literatura (mientras Grey se partía de risa entre sus sombras)

 

 

Introducción

Introducción

Por DeDanna y rrdarkangel

 

¿Cómo decir esto? ¿Cómo atrevernos?

 

Veamos, ¿qué tal así?:

 

La trilogía de las Cincuenta sombras nos pareció aborrecible.

 

Desde la maldita primera página.

 

Ya está, ya lo hemos dicho.

 

ELJames1Quizá deberíamos empezar señalando que no tenemos nada en contra de los best-sellers. Así, en general. En serio. Una de nosotras incluso no tiene nada en contra de las novelas malísimas, que de tan malísimas ya son buenas. El frikismo es lo que tiene: te molan cosas que no le gustan a nadie y eres capaz de reírte con algo por lo malo que es y hasta disfrutar de ello.

 

Lo que ya es inaceptable es que intenten venderte como bueno algo que no lo es. Objetivamente hablando, además. Sí, hemos dicho «objetivamente». Oh, anatema, excomunión, sobre gustos no hay nada escrito y la madre que parió a la cabra. Vale, lo que queráis. Nos importa muy poco la corrección política. La trilogía es MALA. Objetivamente MALA. Así, con sus mayúsculas y todo, y dad gracias porque no lo hayamos subrayado y le hayamos puesto una negrita o una letra tipo veinte, o algo así. No es cuestión de gustos, es cuestión de lo que es literatura y lo que no lo es. Y esto no es literatura: es un producto de marketing perfectamente envuelto, etiquetado y adornado, sin nada en su interior. Pero como somos muy conscientes de que no se puede hacer ese tipo de afirmaciones sin argumentarlas, pues a eso vamos. Pero antes, dejad que os contemos un par de cositas sobre esto del marketing y la literatura (que también podría aplicarse a las películas, las series de televisión, los cuadros y hasta los yogures esos a los que sólo les falta cantar).

 

Cuando algo triunfa, por el motivo que sea, invariablemente surgen decenas de imitadores. ¿Qué Crepúsculo se pone de moda? Pues todo el mundo a escribir novelas de vampiros como churros. ¿Qué los zombis están rompiendo con todo? Pues hale, a sacar Orgullo y prejuicio zombie y tira millas, que vamos lanzados. ¿Qué Dan Brown ha publicado otra novela conspiranoica? Pues nada, imprimimos quince títulos más del tipo: La conjura Omega de los disidentes masones y el templario al servicio de la reina virgen (o no), y todos tan contentos.

 

Vivimos en una sociedad de consumo, y el único modo de hacerse rico es obligando a consumir. Y los que tienen que obligarte a ello, saben que nada tienta más que una etiquetita en la portada que ponga: «Sí, este es el libro del que habla todo el mundo», así, como si estuvieran dirigiéndose personalmente a ti, como si te hicieran partícipe de un secreto, como si fueras el único bicho raro del planeta que no ha leído el puñetero libro. Y si, además, el libro en cuestión surgió a raíz de otro muy exitoso —de hecho, empezó (ojo al dato) como un fan-fic de ese libro—, pues mejor me lo pones, vamos. La editorial frotándose las manos. Y si, encima, tiene lo que le faltaba a ese otro libro —sexo... muchísimo, muchísimo sexo. Aburrido, repetitivo, cansino y que demuestra la total ignorancia de la autora sobre el BDSM, pero sexo al fin y al cabo—, pues estupendísimo, oiga, váyanme encargando el Audi nuevo y reservándome un crucero a las Bahamas...

 

En un mercado de oferta y demanda, con la fiebre de un «fenómeno mundial» destruyendo el mundo literario con libros que realmente no tienen un valor, sentido y perdurabilidad para la humanidad, señoras y señores, ¿qué estamos haciendo realmente? Porque, desde nuestro punto de vista, lo único que hacemos es poner las cosas en un plano donde no importa la calidad de la lectura y ni que decir de otros temas. Lo único que podría importar es que sea la moda, pero la mayor parte de la gente que compra estos libros sólo está pensando: «Mirad, son esos libros que están buenísimos y que debemos comprar». Lo que estás personas no piensan es: que las modas cambian. Y una vez que caiga esta, serán muy pocos los que realmente recuerden alguna vez de qué va la cosa. No lo decimos por ofender, pero es una realidad en el mercado desde la antigüedad. Se acaba el boom, se hacen unos cuantos más y al final lo que no es realmente importante y de trascendencia se pierde en el tiempo, sin que nadie recuerde nunca sobre ello.

 

No somos crueles al hablar así, sólo estamos dejando claro que aquí realmente no hay nada del otro mundo. No hay nada en estos libros para ser llevado a nuestra idea de la posteridad como algo memorable. Un libro no tiene que ser perfecto, no existe realmente uno que lo tenga todo. Siempre existe algún fallo, por mínimo que sea: en estructura gramatical o en la idea correcta sobre lo que versa el libro. Por no decir los errores clásicos que tiene el autor en algunas partes del libro, que algunos no notan y que otros los obviamos, pues al final son muy pocos como para pensar en algo más que: «Seguro que es un error a propósito para darle alguna variación a la lectura», pero eso es algo que no encontramos en la tan «Afamada trilogía», ya que su lenguaje en sí mismo podemos decir que es pobre.

 

Con más errores por párrafo de lo que se debería encontrar en algo que se supone tiene tanta valoración mundial; con una trama que se mantiene pegada con más remiendos que un viejo pantalón; con unos personajes que al inicio se muestran de una forma y se deshilachan cada poco, desestructurando la misma historia desde sus cimientos, creando un montón de confusión y dolores de cabezas a quienes realmente intentan poner pies y cabezas a estas mareas de incomprensión crónica creadas por la autora. Al menos si uno lee como crítico flojo, que es el caso de una de las que hablamos, ya que uno no espera encontrar semejante patraña de enredos.

 

Pero hemos prometido argumentos, y argumentos es lo que tendréis.

Estilo y narración

Estilo y Narración

Por DeDanna

 

Creo que no sé ni por dónde empezar... Decir que el estilo es «ágil» sería mentir como una bellaca, además de un modo de acuñar el eufemismo más descarado de toda la historia del mundo editorial; decir que es «pobre», probablemente sería hacerle un favor. Supongo que los publicistas de la saga preferirán la primera opción pero, con toda franqueza, lo que opinan los publicistas siempre me la ha traído al pairo. Mucho.

 

Supongo que, si pensamos que es un fan-fic, y que, salvo muy contadas y notables excepciones, los fan-fics suelen tener mucha mejor intención que calidad, bueno, entonces, desde ese punto de vista, es fabuloso. Vamos, una gozada, oiga. Pero es que esto no es una historieta publicada gratuitamente por entregas en fanfiction, cachorrillos: esto es un libro. Una novela por la que habéis pagado y que debería daros algo a cambio de vuestro dinero. Y ese algo nunca debería incluir incoherencias argumentales, fallos de raccord, reiteraciones continuas de estructuras lingüísticas o un lenguaje de doscientas palabras escasas.

 

Pero, perdonadme, que me pongo a divagar y no paro. Sólo para que conste, es algo que suele sucederme cuando estoy cabreada. Y con esto estoy muy cabreada, advierto.

 

En fin, centrémonos: la novela está narrada en presente y en primera persona. Supongo que eso sí es cuestión de gustos pero a mí, personalmente, me da cien patadas en el hígado. Hay apenas un puñado de autores —grandes autores, buenos autores— capaces de hacer un experimento como ese y salir bien librados. Trabajar en primera persona es complicado y es muy, muy fácil caer en el infantilismo. Trabajar en presente puede volver locos a escritores con muchísimo más oficio que esta buena mujer. Y la llamo mujer, porque llamarla «escritora» no me apetece nada. Dentro de unos años, cuando haya aprendido conceptos como «ritmo», «estructura», «coherencia interna» o —por favor— «revisión y edición», quizá varíe mi opinión. Pero no creo que eso vaya a pasar, porque aquí y ahora me apuesto mi mejor sujetador de encaje francés a que no vuelve a publicar un libro en su vida. Y si no, al tiempo.

 

El caso es que, por si se diera la extrañísima circunstancia de que alguien le publique de nuevo, esta mujer necesita con urgencia aprender algunos rudimentos del oficio, porque su estilo raya en el intrusismo profesional: ágrafa metida a escritora, para entendernos.

 

Entre las frases de cuatro palabras, porque igual si escribe doce antes de poner un punto se nos pierde; la traducción que, no es culpa suya, pero en algunas partes es... mala no, lo siguiente; los malditos correos electrónicos que, además de aburrirme, me parecieron una forma tristísima y más que simplona para explicar las cosas; la maldita «diosa interior» —que, chica, sí, cuando un recurso es divertido, apetece usarlo a todas horas, pero córtate un poco, por favor, que llegó un momento en que quería matar a la dichosa diosa todavía más de lo que quería matar al genio que decidió publicarte— y el «No te muerdas el labio, Anastasia», que juro que se repite unas doscientas veces por novela junto con el «Ay, mis Cincuenta sombras», llegó un momento en que pensé que mi cabeza iba a implosionar. En serio.

 

Y ya casi paso de meterme en las chorradas que aparecen cuando intenta hacer las descripciones tipo: «Hay una mesa muy grande, junto a ella una mesita que hace juego, todo es blanco» un poco más interesantes y te casca que:

 

«...treinta y seis cuadros pequeños forman una especie de mosaico...». 

 

 

¿Ein? ¿Treinta y seis? ¿En serio? ¿Seguro que no son cuarenta y ocho? ¿O veinticuatro? Vamos, no me...

 

¿Y los diálogos? Bueno, soy de las que piensa que, a veces —muy pocas veces, pero a veces sí—, unos diálogos estupendos salvan un estilo narrativo mediocre. ¿Hace falta que diga que aquí tampoco pasa eso? Dejando al margen que muchas veces hacen que los protagonistas se «salgan de personaje», porque de los personajes voy a dejar que se encargue aquí mi cómplice, la mayoría de ellos son tan insustanciales y repetitivos y acelerados y... que, por lo que a mí respecta, si no hablaran, casi mejor. Y, esto sí que es personal, lo reconozco: detesto con todas mis fuerzas los diálogos sin acotaciones durante páginas y más páginas. Supongo que es un tic de estilo que no puedo evitar y del que disfruto cuando leo, pero el hecho de poner una acotación en un diálogo largo, por mísera que sea, ayuda al lector a meterse en la escena, a «ver» a los personajes. Apuntar detalles que pueden parecer tontos, como que alguien se aparta el pelo de la cara, o baja la voz, o juega con una servilleta, o cruza las piernas, o... Todo eso, aunque parece que no sirve para nada, ayuda a la ambientación. Esa es otra cosa que E. L. James tampoco parece saber. Pero claro, podíamos llenar otra trilogía con todas las cosas que no sabe del oficio. Sólo como apunte: aborrezco todos los consejos sobre técnica literaria, porque creo que cada cual tiene su estilo y que a cada uno le funciona lo que le funciona, pero hay cosas que, simplemente, no encajan, no quedan bien las hagas como las hagas. Y una de ellas, para mí, es que, cuando cierras una escena, debes cerrarla en el momento preciso y de un modo que deje al lector o bien la sensación de que algo termina definitivamente, o de que está «colgando de un acantilado», ya sabéis: el mítico cliffhanger. Lo que no se puede es acabarla con un diálogo chorras, porque por algún sitio hay que cortar:

 

«—Creo que le has caído muy bien. ¿Quieres un bocadillo?  

»—Sí, por favor».

 

 

Y ahí lo dejo, porque es apasionante que le dé las gracias por ofrecerle un bocadillo. Termino el capítulo y empezamos a la mañana siguiente. Perfecto.

 

Conste que le suele pasar. Sus diálogos se pierden en la cotidianeidad, y terminas preguntándote qué diablos te importa que su madre le pregunte si tiene novio, o que su amiga le diga que no aguanta nada bebiendo, o que... Bueno, en realidad, terminas preguntándote qué diablos haces leyéndolo, pero supongo que las palabras «¡Diecisiete pavos!» se repiten en tu cabeza una y otra vez a modo de respuesta.

 

Y, de verdad, de verdad, E.L., te lo prometo, de verdad que me ha quedado claro que eres una chica educada, pero, por favor, por favor, por mi salud mental: ¡¡Deja de poner todos los saludos y las despedidas!! ¿Es que no puedes decir: «Se despidieron con un "buenas tardes"» o algo similar, como hacemos todos, y listo? ¿No? ¿De verdad es necesario que me hagas leer «Hola, Ana» «Hola», «Adiós, Ana» «Adiós, José», «Buenas tardes, Ana» «Buenas tardes, Christian» una vez, y otra, y otra, y otra más? Me pregunto si el seguro me abonará el desconchado que le hice a la pared al golpearme la cabeza de la pura desesperación cada vez que leía alguna de esas encantadoras fórmulas corteses.

 

En fin, que no. Que así, no. Que ni siquiera sé cómo he conseguido hablar del estilo, porque no existe. Con ese «estilo» paupérrimo lo mismo se puede escribir una novela, que una lista de la compra. Que no, hombre, que no. Que para escribir hace falta mucho más que saber juntar letras y, aunque soy una firme defensora de la naturalidad y los estilos ágiles y directos, y jamás me cansaré de decir que una prosa cuidada no es necesariamente una prosa recargada, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Esto no es escribir: es tomarle el pelo a la gente y punto.

 

Pero paro ya porque, si sigo hablando de esto, acabo escribiendo un libro, así que mejor le cedo el testigo a mi compi para que os cuente algo acerca de los personajes.

Personajes

Personajes

Por rrdarkangel

 

Bueno como mi compañera tan claramente les ha explicado lo que piensa del estilo o la falta de este en los libros, yo me tomaré mi tiempo para hablar de los personajes. No es la gran cosa en serio. Para todo lo que pienso.

 

Cuando iniciamos una lectura, mi idea, como lectora empedernida, es que siempre existen personajes que amamos; personajes que odiamos y personajes que reconocemos como parte del libro, pero sin un valor real de total importancia.

 

Vale, hablemos para empezar de Anastasia Steele: cuando leemos esta «maravillosa Trilogía», nótese el sarcasmo, iniciamos con este personaje, que llamaríamos protagónico, porque es quien habla en toda la historia desde su punto de vista.

 

Para mi Ana no es más que un mal sistema monótono, con poco ingenio mezclado con una falta de realidad total. No, en serio, he leído libros con personajes que se menosprecian totalmente o en parte que son más creíbles que el presente en estos libros. Ana es confusa, obtusa y absurda al punto que cada dos por tres tiene un cambio o arranque de personalidad extremo. Digo, joder, por la maldita pringa madre, los personajes crecen, se desarrollan, pero este sigue estancado en los tres malditos libros. En ninguno se ve un cambio real en donde madure, algo que sólo me hace pensar «Por qué carajos continuo leyendo esto». Bueno, respuesta obvia, gaste mucho dinero y tengo que acabar esto al menos para decirles a todos las verdades sobre estos libros. Aunque algunos les duela, pero bueno me desvió del tema. Sigamos con Ana. En un empeño por intentar seguir sus ideas, porque aunque todos digan: «es genial, me encanta», o el típico «es un personaje original», yo lo único que veo es un personaje totalmente bipolar, que no sabe realmente qué quiere, porque en un momento quiere estar con Christian, y al siguiente lo piensa y decide que no quiere. En su mente habla de relación, en vivo y directo se hace la tímida; por momentos habla como si fuera magnífica, única y espontánea. Y eso es un desarrollo que vemos en todos los tres libros, aunque desde otras perspectivas, terminan en el mismo punto. Aunque ella diga que nunca lo abandonaría, se nota que es algo que desea hacer para librarse de todo y no tener que ver en ninguna cosa con Christian, su dinero o sus problemas.

 

Ahora, que tenga problemas con su aspecto, que a mi idea no tiene nada de malo, pero que según ella no es tal cosa para tener a nadie admirándola, causa un gran momento de cabreo en mí. Una cosa es estar ciego, pero aquí llega al nivel del absurdo el que piense que no vale nada para nadie. El menosprecio constante en todos los libros me da dolores de cabeza colosales y patadas a mi pobre hígado, que ya de por sí sufre con la trama dispersa. Que se sienta primero protegida, luego enojada y ultrajada por él, es ridículo. Ya sabes cómo es. Te metiste en una relación sabiendo donde estabas parada, no jorobes ni des desaires siendo víctima. Eso junto a un montón de momentos de «Su diosa interior», un concepto trillado de lo que ella dice ser por dentro, cansa y sólo hace que el personaje se venga abajo en credibilidad durante cada uno de los tortuosos libros.

 

Ahora vamos con Christian Grey. A mi idea —y sí, por favor, mi idea—, es el único personaje que se mantiene. Bueno digamos que se «mantiene» así mientras toda la trama de la historia pasa de «ridícula» a «estupidez crónica mayor». Podemos sacar algo rescatable de este. No digo que sea la gran cosa, porque demonios NO LO ES. Cuando vemos a este personaje, en mi conceptualización y por la forma de narración del libro, por más protagónico que se supone que sea, lo veo como un personaje secundario: nunca sabemos nada de su parte más que lo que Ana «intenta» interpretar de él. Christian es, en sí mismo, lo que sería para ella: un torturado, un genio, un filántropo, un ser humano que ha sufrido por llegar a donde está en ese momento de su vida. Con sus idas y vueltas, con su seriedad, su frialdad, es algo que logra centrar un poco la atención.

 

A mi idea un soplo fresco entre tanta absurda tontería con Ana, pero ojo, no deja de lado que sea otro personaje bipolar, porque como ella, cambia de humor a cada minuto, y aunque por suerte sus arranques son más centrados que Ana, sabemos que sus cambios pueden ser los siguientes:

 

1. Torturado, desconfiado y herido,

2. Enojado, vulnerable y cortante,

3. Alegre, juguetón y despreocupado,

4. Momentos de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y

5. Cerrado sentimentalmente para todo el mundo en general.

 

¿Ven? Al menos aquí sabemos con qué enfrentarnos, sabemos cuáles son sus posibles reacciones, aún cuando vemos todo desde la perspectiva de Ana. Cuando intentamos canalizar a Christian desde su propio plano, por la forma en que leamos a Ana, vemos un hombre dañado, quebrado mentalmente, con más problemas de los que él mismo es capaz de ver, pero que son tan fáciles de solucionar... Ahora detenga el carro, que vamos a un punto que muchos discutirán: él NO es un Dom, es una cosa tremendamente irascible. No hay personaje menos dominante que él. Digo un DOM, sí, letras grandes. Un Dom es un personaje fuerte, con una personalidad dominante, que busca tener el control, pero no quiere decir todo el control, ya depende de las características del Dom ser de tiempo completo, o solo en el ámbito sexual. En caso de Christian como personaje, no veo un Dom, sólo veo un personaje obsesivo compulsivo con el control en casi todo. En especial con la seguridad de Ana, no es malo, sólo lo hace ser él, pero después de tres libros leyendo que se ve aún como un monstruo, que no piensa merecerla, que se preocupa si no está pesando mucho. CANSA. No hay nada de malo en preocuparte por alguien, pero, en serio, tres libros y ser un OBSESO de control ¿porque no sabes dónde está cada dos minutos? Yo digo que es un problema total. Que sea desconfiado después de su infancia, es entendible; que siga siéndolo pesé a ser el «super-gerente general de su super-compañía millonaria» como que algo no encaja y mucho. Al final termina también como Ana, perdiendo atractivo poco a poco, pesé a los pocos momentos en que vemos todo desde su perspectiva, si hubiéramos tenido antes ese vislumbre de sus pensamientos desde el primer libro, tal vez la cosa hubiera sido diferente. Tal hubiera habido algo más rescatable en los tres libros. Pero como, total, las cosas se hicieron a su manera, lo único que puedo pensar es, si sacaran tanta escena de sexo, si sacaran tanto diálogo sin sentido de Ana, si agregaran un poco más de Christian desde su perspectiva, tal vez habría, en lugar de una Trilogía, un solo libro, que estaría más o menos mejor argumentado que estos tres juntos. Ojo dije "TAL VEZ HABRÍA", que es una posibilidad de lo que pudo ser, pero de todo lo que no es.

 

Ese es un resumen de los dos personajes que más interactúan en todos los tres libros.

 

Ahora demás personajes:

 

Familia Grey: son personajes totalmente terciaros, los vemos, leemos y sabemos que son parte de la infancia de Christian, tenemos en cuenta su activo, pero no vemos realmente una participación muy amplia de ellos en la vida diaria de la pareja, lo que nos hace dudar de por qué realmente son empleados.

 

Familia Steele: conoces en parte la historia de la familia de Ana, cómo ella ve su relación familiar. Como sabe inconscientemente que eso la afecta para tener al inicio una relación seria de cualquier forma, saber que ella realmente no fue alguien esperado, aparte de su mismo problema sólo causa desasosiego en la lectura ya cansada.

 

Amigos, colegas, otros: entre amigos podemos sacar a relucir que las relaciones que existen se cortan casi totalmente, y pasan a un plano a parte lo que es normal, ya que una vez acabada la universidad cada quien toma su camino, que hable de vez en cuando con José, que salga o hable con Kate, así como con Ethan es normal, pero no vemos nada del otro mundo. Kate la sigue protegiendo, se hace la dura, la vemos algunas veces hacer una que otra escena, pero nada que salga a sacar importancia en todos los libros.

 

El Doctor Flynn, el psiquiatra de Christian, interesante desde algunos puntos, irevelevante en casi el resto, no aporta nada que no hayamos llegado a concluir por nosotros mismos.

 

Elena, ex Domme de Christian, amiga íntima hasta cierto punto, antagonista para Ana, relevancia real en el libro: cero. Que Ana la pinte de bruja, que desconfíe de ella y más, cansa una vez que continúa. Las pocas veces más que aparece, no veo realmente el punto. Sólo malgastar más la trama.

 

Jack Hyde, el villano, en la entrega final, realmente un personaje ridículo para el final. Decir que ya de por sí alguien puede violar de tal forma la seguridad de una empresa millonaria suena al estilo agente secreto. Es casi tan molesto como «la sumisa Leila» que no podía ser encontrada en ningún lugar, será que estaba bajo sus narices y nadie lo notó porque están más rígidos que un palo y no pueden ver bajo su nariz. No sé, da igual. Como villano deja mucho que desear.

 

Al final y para acabar esta parte. Lo que puedo decir es: que todos los personajes, por más que intenten unir la trama, sólo terminan separándola más y dejando todo hecho un jaleo de líos inconexos, donde se pierde toda la trama central del libro y echa por el suelo cualquier remota posibilidad de enmendarse. Hace que el tiempo sacado para leer sea un tiempo perdido, sin posibilidad de recuperación. Lo siento la verdad desde mis palabras, que haya un conjunto de personajes por muy variados, inteligente o molestos. No hacen de él un libro bueno, no importan cuánto nos intenten hacer creer eso.

Conclusión

Conclusión

Por DeDanna y rrdarkangel

 

Básicamente, es la historia de Crepúsculo, sólo que, en lugar de ser vampiro, el protagonista es un Dom —eh... bueno, no, no lo es. Pero esa es la intención de la mujer que escribió los libros, así que diremos que lo es, y a ver si cuela—: es malísimo, y peligrosísimo y no tiene corazón y uno se lo cree tanto como puede creerse que lo era Edward. Es decir: nada.

 

Empiezan con una relación de dominación/sumisión —bueno, tampoco, pero vamos, que no importa, qué más da a estas alturas de la película— y la cosa termina con los dos casadísimos y felicísimos y llevando una relación normalísima y monísima. Muy perversa, eso sí. Pero mucho, eh, vamos, escandalizadas estamos. Una cosa... (imagínese a las autoras diciendo esto con voz monótona mientras se liman las uñas con aire displicente).

 

Como señalábamos al principio de este artículo, una historia absurda, totalmente prescindible, cargada de incoherencias y de ignorancia acerca del mundo en el que intenta basar la ambientación. Esa mujer sabe tanto de BDSM como nosotras de ingeniería aeronáutica —incluso un poco menos— y toda la trama resulta tan surrealista, increíble e insustancial, que cuesta incluso seguirla a pesar de lo sencilla que es.

 

Hay cosas que, sencillamente, son tan ridículas que no tienen ni explicación. Uno se pasa toda la primera novela viendo a Christian decirle a Ana que «tiene un secreto que si ella lo conociera, huiría espantada». Y bueno, a lo mejor yo —Danna— soy un poco creativa de más, pero me imaginaba, no sé, que quizá había matado al tío que lo maltrataba, o incluso a su madre yonqui, o que... Yo qué sé. Había tantas y tan infinitas posibilidades... Así que lees eso una y otra y otra y otra vez y, ya, pues como que te mosqueas. Y cuando por fin se descubre el secreto, el terrible secreto, el enorme secreto, resulta que se trata de que a él le gusta azotar mujeres porque en ellas ve a su madre... ¡No! ¡¿No me digas!? ¿¡De verdad?! ¡Nunca lo habría imaginado! ¡Y menos de un tío que lleva veinte años psicoanalizándose por los malos tratos de su infancia!

 

Vamos, no me jod...

 

Pero, tía, si cualquiera con dos dedos de frente y unos conocimientos mínimos —y hay que subrayar el «mínimos»— se pasa el libro pensando: «Pero venga ya, no intentarás decirme que el tío es Dom porque de pequeño lo maltrataban, ¿verdad?». Y no pudiste evitarlo, ¿verdad? Tuviste que justificarlo con psicología de baratillo. Estupendo... Así que ese era el gran secreto. Qué bien.

 

Tan frustrante como absolutamente todas las demás tramas del libro.

 

La historia de la novia sumisa anterior, absurda. La del jefe malvado, tan ridícula y tan surrealista, que no tiene explicación. La «evolución» de Christian, tan increíble y fuera de personaje, que ni se sostiene.

 

Y suma y sigue.

 

Vamos, que, sinceramente, el único motivo por el que algo como esto ha podido ver la luz, es que las editoriales estaban necesitadas de otro bombazo tipo Crepúsculo, así que prefabricaron un producto, lo adornaron, lo envolvieron con todo lo necesario —halagos ridículos, polémicas absurdas, expectativas no cumplidas— y lo lanzaron a lo grande. En serio: ni tiene tanto sexo, ni ese sexo tiene tanta calidad, ni es tan escandaloso, ni merece la pena siquiera pensar dos veces en él.

 

Ni en el libro, ya puestos.

 

Y lo peor, lo peor, es que somos muy conscientes de que, al criticarlo, sólo estamos echando más leña al fuego de la publicidad gratuita.

 

Pero somos humanas y estamos enfadadas, qué le vamos a hacer.

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