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Arquetipos tóxicos

 

venenoTodo el mundo es capaz de reconocer un arquetipo. Los clichés lo son, precisamente, porque funcionan, porque nos muestran determinados aspectos de un ser humano, determinadas situaciones que todos reconocemos y que podemos rechazar o apreciar con apenas un vistazo. Son comodísimos para el autor, porque, al usarlos, ya tiene hecha la mitad del enjundioso trabajo de dotar de vida a los personajes, puesto que el lector reconoce los rasgos generales y «une los puntos» sin problemas y sin esfuerzo. Son útiles, asimismo, para el propio lector, porque encontrarse con un cliché que le agrada es como encontrarse con un viejo amigo al que hace mucho que no ve y le permite, además, entender y prever sus reacciones en base a un carácter que ya se tiene más que aprendido. Y, por último, son útiles para el mercado, porque le permite saber cuáles son los arquetipos más apreciados y que, por consiguiente, se venderán mejor.

 

Son los suspiros de las lectoras las que mueven muchas de las publicaciones de las editoriales. Porque, con sinceridad, ¿qué lectora no ha suspirado por éste o aquél protagonista que le fue robando poco a poco el corazón en una de sus novelas favoritas? Esos seres inalcanzables que tienen ese puntito de humano y a los que intentamos ver reflejados en los hombres de verdad. Porque sí, las comparaciones son odiosas, pero existen y soñar es gratis.

 

Se tiende a identificar como correcto, lo normal (entendiendo normal como habitual y usual), y, si vamos más lejos, lo deseado. Cuando el perfil de un personaje es muy repetido y, además, funciona, tanto sus cualidades como sus defectos y su comportamiento, pueden convertirse en un claro modelo que, automáticamente formará parte de nuestra base de datos para proceder a esa comparación. Por una parte, la fémina buscará dichas cualidades y, por otra parte, el hombre imitará dicho comportamiento con el fin de ampliar sus posibilidades de conquista. Porque, aunque ambos sexos hayamos evolucionado y modificado roles, en nuestra esencia no hemos cambiado tanto.

 

Pero ¿qué pasa cuando esos arquetipos se vician? ¿Cuando, por algún motivo, un arquetipo, en principio sano, se convierte en algo peligroso, que trasmite una serie de ideas inaceptables? ¿Qué ocurre cuando un arquetipo se vuelve «tóxico»?

 

Porque eso es lo que está pasando últimamente con la novela romántica. Siempre ha tenido sus arquetipos, pero esos arquetipos se están confundiendo y están dejando paso a otros más peligrosos, que, de un modo engañoso e ignorante, enseñan actitudes malsanas, escondidas bajo capas y capas de subterfugios penosos.

 

Mucho ha llovido desde que las grandes autoras de los años 80 como Johanna Lindsey, Kathleen Woodwiss, Jude Deveraux o Shirlee Busbee anidaran en nuestras mesillas de noche. Muchas de esas novelas no han sabido envejecer y muchas lectoras son plenamente conscientes de que, como tales, han evolucionado y modificado sus gustos. Ahora, muchas de las actitudes que en aquellos tiempos estaban acordes con una sociedad muy distinta a la actual, ya no son encontradas como válidas y no suelen gustar. A veces me he llegado a plantear si esa violencia machista que algunas, no todas, de sus novelas muestran es una forma de excusar el comportamiento que, seguramente, se consideraba licencioso.

 

Pero, otra vez, y tras la publicación, publicitación de una trilogía —que no vamos a volver a nombrar—, nuestro mercado editorial nos está invadiendo con una serie de libros, de los que no vamos a comentar su temática, aunque nos confunde que parezca que últimamente no se puede publicar nada erótico entre dos personas en igualdad de condiciones y en una relación en la que uno no sea dominado por el otro. Pero ese es otro tema.

 

¿Será una forma de manipulación? ¿Hemos alcanzado las mujeres un nivel de autosuficiencia no aceptable para los hombre y su forma de meternos en vereda es recordarnos que nosotras somos o «hemos de ser» la parte sumisa de la relación? ¿Es una forma indirecta de decirnos, y hacer que aceptemos, que el macho domina y controla y la mujer acata y acepta sumisa? ¿Realmente, las mujeres ahora hemos de soñar con hombres así?

 

Se han cambiado los antiguos héroes románticos por hombres dominantes, prepotentes, manipuladores... Y se nos está haciendo creer que ése es el arquetipo correcto, que sus defectos son virtudes a elegir. Y es que, escondidos bajo capas y capas de dinero, apariencia física y misterio, se esconden auténticos arquetipos tóxicos: hombres que no tienen ningún control sobre sí mismos y por ello lo ejercen sobre los más débiles; hombres que presumen de protectores, cuando en realidad lo único que hacen es intentar mantener esa débil apariencia de control mediante una persecución compulsiva; hombres que arrastran tantas cargas emocionales que sólo pueden vampirizar a quienes se les acercan.

 

La cosa es así: un hombre que os dice lo que tenéis que hacer sin molestarse en escuchar vuestra opinión, que piensa que sólo él tiene la razón, que quiere saber dónde y con quién estáis cada minuto del día, que os intenta controlar mediante el sexo, que no respeta vuestra individualidad, que cree que sabe —sólo por el hecho de ser él quien es— lo que es mejor para vosotras, no es un macho alfa que os cuidará y os protegerá: es un maltratador obsesivo-compulsivo que piensa que sois la llave mágica para solucionar sus problemas emocionales.

 

El ser humano es curioso y, por consiguiente, quiere experimentar cosas nuevas... Pero el comportamiento detrás de las puertas del dormitorio es muy diferente, o debería serlo, del comportamiento cotidiano que es aquí el que nos ocupa.

 

Nos podemos sentir estimuladas al sentirnos dominadas en la cama. ¿Habéis fantaseado, y quizás, puesto en práctica, esa últimamente recurrente escena de «mujer desvalida» en la cama sujeta e inmovilizada por unas esposas? Creo que esa fantasía ya la tenían nuestras madres... Pero también es cierto que a muchas de ellas no les quedaba otra opción que dejar que las «atasen corto». Ahora nosotras, en la vida real, podemos decir no. Que la diferencia es abismal.

 

Quizás te pueda excitar que un hombre en un momento de intimidad te dé un pequeño azote, pero ¿pensarías lo mismo si lo hace una tarde, en plena reunión con tus amigos?

 

Somos inteligentes, independientes y lo suficientemente fuertes para permitirnos ciertas debilidades, siempre y cuando, sea decisión propia. Y «decisión propia» supone no ceder al cansino chantaje emocional, ese «si me quisieras lo harías». ¡Y un cuerno! Si me quisieras tú a mí, me respetarías y no me lo pedirías si ya te he dicho diez veces que no.

 

La palabra «esposa» no significa posesión, viene del griego y significa compromiso, y ambas partes han de tener las mismas obligaciones y los mismos derechos y nadie está por encima del otro. A ningún nivel.

 

esposasEl nombre de esposa que se da a las manillas con que se aprisionan las muñecas de alguien es una metáfora que data de la Edad Media, por la cual se vinculan las ideas de matrimonio y de falta de libertad. No confundamos una práctica sexual con una inclinación vital. Las mujeres han luchado lo suyo para ser independientes, capaces y fuertes, y para tener junto a ellas a un hombre que las respete, que sea un compañero y un igual, no para que tiremos toda nuestra independencia por la ventana porque «el pobrecillo nos necesita». Al cuerno con eso. Los celos no son una demostración de amor, son falta de confianza; la posesividad no es una demostración de amor, sino de inseguridad; los regalos caros no justifican los malos modos y no son una demostración de amor, sino de culpabilidad; la necesidad de control no es una demostración de amor, sino de obsesión.

 

Un hombre así no es un macho alfa. No es un hombre dominante y protector que quiere cuidar de su familia. Es un arquetipo tóxico del que se debería huir tan rápido como puedan llevarnos los pies. O las manos, si hace falta.

 

Estamos viendo continuamente cómo se justifica lo injustificable, cómo se esconde el acoso emocional tras las pantallas del amor y cómo decenas de mujeres suspiran por estos arquetipos sin reconocer en ellos al maltratador que esconden. Es cierto que el acoso emocional es sutil, que se cuela en las defensas sin que apenas la víctima se dé cuenta, pero los marcadores están ahí. En un acoso afectivo, el acosador depende emocionalmente de su víctima, ocupa su tiempo, la persigue con manifestaciones exageradas de afecto de las que exige devolución. Si la víctima no se «somete» entonces vienen las quejas, los enfados, los cambios de humor, el chantaje psicológico. Y si no reconocéis en estas palabras al protagonista de cierta trilogía que no nombraremos… Es que estáis perdidas para la causa. Pero hay más:

 

«—Es inaceptable que no estés disponible para mí. Que no me informaras de la visita de tu madre es algo intolerable. ¿Me comprendes? —Regina permaneció en silencio—. Bien, ahora recibe tu castigo».

(La bibliotecaria, Logan Belle)

 

Pero sigamos: un maltratador nunca muestra su propio mundo para mantenerse en un nivel superior. Niega la igualdad de decisión para no sentirse débil. Evita la responsabilidad de sus actos para preservar su imagen ideal.

 

«—Te estás comportando como una paranoica. He recibido una llamada, me tengo que ir, eso es todo.

—¿Por qué? —preguntó Francesca—. ¿Qué es tan urgente? Cuéntame.

(...)

—Porque necesito hacerlo. Hay ciertas cosas que son inevitables y ésta es una de ellas. No hay ningún otro motivo para mi marcha, eso debería bastarte. Además, si te comportas así, se me quitan las ganas de confiar en ti —añadió casi sin aliento, alejándose de ella».

(Porque eres mía, Beth Ferry)

 

¿Más formas sutiles de agresión? La de aquellas personas que rodean a alguien de mimos y cuidados, pero sin permitirles desarrollarse como personas autónomas, sin dejarles escapar del entorno artificial que fabrican para ellas, eliminando todos los obstáculos de su camino. Eso no es amor, cachorritas mías, es sobreprotección por parte de él y dependencia por vuestra parte. Y la dependencia os convierte en seres vacíos cuando el protector no está cerca.

 

«—Por favor, no te vayas. Brynne, yo..., yo no quería hacerte daño, sino protegerte de tus recuerdos.

(...)

—¡Sí que te quiero! —gritó con una voz cada vez más enfadada—. ¡Puedes dejarme pero seguiré protegiéndote. Seguiré cuidando de ti para asegurarme de que estás a salvo y de que nadie puede hacerte daño».

(El affaire Blackstone, Rainee Miller)

 

Hombres que toman las decisiones por ti, bajo la creencia de que ellos saben lo que tú necesitas y mandan y hacen…. Sin preguntar, sin consultar…

 

«—¡Acabas de sacarme del centro de acogida en contra de mi voluntad! ¡Lo que has hecho se llama secuestro!

(...)

Jace posó los dedos sobre su mejilla y presionó lo justo para que ella sintiera su contacto y que era inútil que apartara la mirada.

—Me necesitas —dijo simplemente.

(...)

—Esta noche estarás en mi apartamento —dijo Jace mientras volvía a echarse atrás en el asiento.

(...)

Habló con una calma que ella no sentía para nada—. Mañana te llevaré al apartamento de mi hermana. (...).Ella abrió la boca de nuevo ante la seguridad de su voz. No era una pregunta. Jace no le estaba preguntando nada, sino que hablaba como si ya estuviera decidido. Como si ella no tuviera ni voz ni voto en su destino.

(...)

—¿Ves? No ha sido tan difícil, ¿a que no?

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—El cederme el control»

(Fervor, Maya Banks)

 

Y siguiendo con este personaje…

 

¿Os parece una forma de proteger a otra persona prohibirle la libertad haciéndola creer que es por su bien?

 

«—No intentes ir a ninguna parte. He bloqueado el ascensor e incluso si te las ingeniaras para llegar abajo, no te dejarán salir sin mí.

—¿Soy una prisionera entonces? —preguntó con voz ronca.

Jace sonrió.

—Nunca. Pero haré lo que tenga que hacer para garantizar tu seguridad. Incluso si significa que me tenga que asegurar de que no te vas mientras estoy en la ducha. Ahora métete en la cama para que no cojas frío. Ajustaré la calefacción. »

(Fervor, Maya Banks)

 

Un hombre que te manipula:

 

«—Estás hecha para ser más que una simple dependienta en una confitería. Jace no ha gastado todo ese dinero y tú no te has pasado todo ese tiempo en la universidad para servir dónuts

(Éxtasis, Maya Banks)

 

Porque lo que quiere realmente es que dejes el trabajo para controlarte a todas horas y tenerte a su disposición total:

 

«El propósito de que trabajes para mí es que de esa manera estarías conmigo a todas horas y yo podría tenerte cuando quisiera y como quisiera.»

(Éxtasis, Maya Banks)

 

Pretenden engañarte haciéndote creer que todo es por tu bien….

 

«—Mia, escúchame. El contrato es un poco engañoso en lo que a darme todo el poder sobre ti se refiere. Hasta cierto punto sí que es verdad, pero te puedo asegurar que nunca te voy a hacer algo que vea que realmente no quieres hacer. Mi trabajo es estar pendiente de tus necesidades y deseos. No valdría mucho como hombre si no puedo hacer eso por la mujer que tengo bajo mis cuidados. El máximo poder reside sobre ti, porque tú controlas mis acciones y porque quiero complacerte. Es muy importante para mí el que te complazca. Quiero que estés satisfecha y quiero mimarte, consentirte y cuidarte para que no quieras estar con nadie más que conmigo todo el tiempo.»

(Éxtasis, Maya Banks)

 

Olvidémonos de la «media naranja»... Las mujeres y los hombres somos seres individuales, no mitades. Estamos en una relación porque queremos, porque hemos tomado una decisión. Pero no por presiones sociales tipo «una mujer necesita a un hombre» y, desde luego, no porque sea necesario «pertenecer» o formar parte de un «todo».

 

«—Di mi nombre, Mia. ¿Quién es tu dueño? ¿A quién perteneces?»

(Éxtasis, Maya Banks)

 

Si habéis llegado hasta aquí, deberíais poder reconocer las señales de un arquetipo tóxico. Por supuesto, todo esto se esconde bajo capas y capas de atractivo físico, de mimos, de caricias, de regalos caros, de una falsa fortaleza e impresión de control, porque ellos son fuertes, triunfadores, ricos en muchos casos...

 

Hay muchos ejemplos de arquetipos sanos, pero no os abrumaremos con ellos. Probemos sólo con un ejemplo que algunas de vosotras quizá reconoceréis. Empieza, como los arquetipos que os hemos nombrado, con lo de costumbre: tenemos un hombre rico, muy poderoso y con un pasado oscuro. Un hombre que controla su entorno, que nada se escapa a su radar. Un hombre que sabe lo que quiere y no duda en ir a por ello. Un hombre para el que la ley es, digamos, como el código de los piratas... Unas directrices generales. Frente a él, tenemos una mujer fuerte que también ha pasado por circunstancias traumáticas, pero que ha sabido reconstruirse a sí misma. Y ahora empiezan las diferencias que los convierten a los dos en arquetipos sanos: ambos están heridos, pero no rotos. Ambos tienen una vida que controlan y con la que están satisfechos, en la que tenerse es un premio a mayores y no algo que sea necesario para sanar. Él la respeta como mujer y como profesional. Podría facilitarle mucho la vida si le impusiera su ayuda y sus medios ilimitados, pero no lo hace; espera a que ella pida ayuda, porque sabe que es lo que necesita. Puede preocuparse, puede enfadarse y asustarse, pero no va a castigarla con su enfado o su indiferencia. Le ofrece espacio, distancia si es lo que ella desea y no la abruma con atenciones que no necesita… Si no las necesita. Le encantaría protegerla de todo, probablemente, pero sabe que no le hace falta y lo respeta. Por eso puede permitirse frases como ésta, y seguir siendo lo bastante seguro de sí mismo como para no sentir comprometida su hombría:

 

«...Si tratas de tocar a mi mujer, ella te romperá la p*lla como una ramita y te la meterá por el culo».

 

En resumidas cuentas, señoras, señoritas y cachorros varios: no es malo elegir un macho alfa. Pero reconocedlos por lo que son y no confundáis la obsesión con la devoción. Un regalo no es más hermoso por ser más caro y una cara bonita no es la panacea que alivia todos los males y consigue todos los perdones. Vuestro hombre puede ser un apoyo como vosotras podéis serlo para él, pero si uno de vosotros depende del otro, la igualdad se quiebra y el amor se convierte en dependencia. Sois iguales —y lo que es más: debéis serlo— y tomar decisiones —aunque sea para cometer errores— es parte de la madurez y si alguien no es maduro para decidir por sí mismo, tampoco lo es para tener una relación.

 

yingyangNo existe el hombre ideal ni la relación perfecta, pero sí un cómplice que busque lo mismo y tenga la misma idea de relación que tú. Y, desde luego, el amor no implica sacrificio, el sacrificio da pie a relaciones desiguales, en las que uno domina y el otro obedece. La relación madura es aquella en la que yo doy–él da, yo recibo–él recibe. En la que cada miembro tiene su propio espacio. Se basa en la confianza. Un hombre celoso no te quiere más que uno que no lo es, simplemente te vigilará más, invadirá tu espacio vital e intentará controlarte e imponerse.

 

Oh, y la única respuesta posible para un hombre que fuera de la cama os dice «Aquí mando yo» es «Pues vete mandando tus cosas fuera de esta casa antes del mediodía».

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