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Expuesta — Kyra Davis

Sinopsis


Una noche de pasión con un desconocido revolucionó la tranquila vida de Kasie. Y justo cuando creía estar recobrando el mando de la situación… su novio la descubre.

 

«Deberías acostarte con un desconocido». Esas palabras, susurradas al oído por su mejor amiga, se convirtieron en un desafío para Kasie. Pero, de repente, el hombre con el que pasó la noche más excitante de su vida en aquel hotel de Las Vegas —y cuyo nombre no se preocupó de averiguar— se ha convertido en el cliente más importante de su empresa.

 

Mientras el desconocido se convierte en Mr. Dade en la oficina y en Robert en su dormitorio, Kasie comienza a descubrirse a sí misma y a cuestionarse esa imagen controlada y recatada que ha creado para su familia y sus amigos. Cuando su novio, Dave, descubre la doble vida de su prometida, su rabia y su deseo tanto de conservarla a su lado como de castigarla están a punto de costarle todo a Kasie, incluido Robert, el único hombre que la ha querido por lo que de verdad es y el único que la hace sentir viva.

 

DeDanna

Valoración


Sé que cuando acabé la primera parte de esta trilogía dije que me negaba a seguir leyéndola y que me importaba tres pimientos lo que pasara con Kasie, Robert, Dave y quien quiera que se pusiera por delante. Lo sé, en serio, lo recuerdo. Lo que pasa es que a veces tengo unos despistes monumentales y, de pronto, me encontré con el segundo en las manos y casi sin saber por qué estaba ahí.

 

En fin, el caso es que, tal y como esperaba, no debí leerlo. El primero no me gustó nada. Éste... Bueno, éste se libró por los pelos de acabar volando por la habitación.

 

Y lo peor es que puedo decir exactamente lo mismo que dije del otro: la autora no escribe mal en absoluto. En serio, no es sarcasmo: tiene mano. Por supuesto, también está escrito en primera persona y en presente, como el anterior y, a pesar de lo mucho que me repatea, no fue eso lo que me hizo querer dejar el libro plantado, porque, insisto, sabe escribir.

 

Las escenas eróticas siguen siendo buenas, pero cansan. Cansan mucho. Me sobraron más de la mitad y la otra mitad me la leí en diagonal. ¿Por qué? Pues por lo de siempre: no aportan nada. Las fantasías de ella me daban pereza, los líos con Robert eran más de lo mismo y, en general, podrías quitar todo el sexo y te quedaría un relatito corto de lo más apañado.

 

De no ser por los personajes.

 

En serio, qué espanto de personajes. Si ya en la primera me habían sacado de quicio hasta límites insospechados, en esta me tocaron tantísimo las narices que, si no fuera porque sería una pérdida de tiempo lamentable, habría reescrito la novela por mi cuenta y los habría matado a todos. Lenta y dolorosamente.

 

Si Kasie ya me pareció una cobarde, mentirosa e hipócrita en la primera, en ésta la encontré, sin más, idiota. Vamos a ver: su novio la pilla in fraganti con su amante y la arrastra hasta su casa. Ella lo acompaña, cómo no, por no perder esa imagen perfecta que muestra al mundo y, una vez ahí, le aguanta toda clase de... iba a decir humillaciones, pero creo que imbecilidades es más preciso. Porque sí, la humilla, pero lo hace porque ella es estúpida y se lo consiente. ¿Ponte este vestido de golfa y sirve la cena para tu jefe y para mí? Vamos, hombre, ¿qué me estas contando? Coge tu cena, tu vestido y a mi jefe y métetelos por... Bueno, eso. O, como yo soy más retorcida, a ver si te hace gracia que me sienta en ese vestido de golfa tan contenta como en mi propia piel y me pasee como una bailarina de barra americana en lugar de sentirme desnuda, expuesta y achicada. Pero, bueno, yo soy muy de aquella manera, así que con que se hubiera largado mandándolo al cuerno, ya me habría quedado contenta.

 

Pero ella no, claro. Ella tiene que esperar a que alguien la rescate para reaccionar, porque, como es una cobarde del quince, no tiene narices para ser la persona que quiere ser. Estupendo. Total, que primero la ayuda su jefe y después aparece Robert en plan salvador y, claro, ella reacciona... O algo así.

 

Y aquí es donde la historia hace aguas por todas partes y, de verdad que si no estuviera tan cabreada, hasta me habría reído. A ver, la cosa es que el novio la amenaza con calumniarla ante todos si no se porta como una niña buena, lo obedece en todo y deja que la trate como un trapo para «curarla». Y ella, como tiene pánico a que se caiga su imagen, pues cede. Y cuando Robert la rescata se da cuenta de que Dave nunca se va a atrever a hacerle nada si le devuelve la pelota y le dice que lo va a dejar quedar como un imbécil cornudo delante de sus amigos del club. Y ya está. Se acabó la venganza de Dave. Se sienta delante de él y tienen una conversación en plan «Pues yo más» y solucionado. Tanto rollo para eso.

 

Por supuesto, Dave, que era el único personaje que se había salvado en la novela anterior, en ésta ya habéis visto que se convierte en un tipo odioso y malo y cruel y... y bastante tonto. Lo vaticiné en la otra crítica y, como de costumbre, siempre que me temo algo que me va a poner de malas, ese algo pasa.

 

¿Y Robert? Bueno, si en la anterior ya me había parecido un manipulador amoral, en ésta, además, es un tío dominante y repelente que utiliza el sexo para manejar a Kasie. Vamos, el típico personaje que me encanta. Y sí, esto sí es sarcasmo.

 

Supongo que si fuera mejor persona sentiría una cierta compasión hacia Kasie por verse manejada por dos tipos que no dejan de presionarla, acosarla y llevarla por donde ellos quieren, pero como me cae tan mal, es que me dio lo mismo lo que le pasara. Cada vez que se ponía a pensar en Dave, en Robert, en su relación, en su vida, en sus padres, a mí me entraban unas ganas horribles de bostezar o de matarla. Dependiendo.

 

E insisto en que está bien narrado y bien descrito y que los personajes son coherentes y eso no es tan fácil ni tan sencillo de desechar. Pero, claro, el problema es que lo que me describen y me narran me irrita muchísimo y que los personajes son coherentemente imbéciles.

 

Tota, que ahora sí: me leí el primero; me equivoqué y me leí el segundo; pero el tercero se lo va a leer otra, porque yo paso. Que me da igual, que acabarán juntos y serán felices y comerán perdices y es que me importa un cuerno cómo lo van a conseguir. Hasta aquí llegué y paso de seguir enfadándome.

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